Rodaje

RodajeNiebla

Comenzar esta aventura nos dio bastante vértigo, en sus orígenes. Hay que tener en cuenta que es la primera vez que una productora independiente aborda un proyecto de esta magnitud. Por delante teníamos tres años de trabajo, uno dedicado a la preproducción (localización de escenarios, selección de equipos y accesorios tecnológicos, planificación de los rodajes, redacción de las escaletas y los guiones técnicos, etc) y dos a la grabación en campo.
Ahora, cuando redacto estas lineas, lo vivido me parece un sueño.

Cristal

La lincesa que ilustra esta imagen se llama Cristal. Con ella vivimos uno de los días más excitantes de estos dos años.
Me encontraba caminando por un abrupto barranco de Sierra Morena. Estaba pisteando y buscando indicios que me permitiese localizar algún ejemplar de lince ibérico para grabar algunas de las escenas que teníamos en guión. El lugar donde me encontraba prometía, ya que había numerosos excrementos (letrinas) de conejo, lo que nos informaba de que allí este lagomorfo era particularmente abundante. Y donde hay conejos, hay linces.
Efectivamente, después de buscar un rato, sobre unas piedras encontré un “cagarrutero” de linces, con un excremento muy fresco. Los excrementos frescos se diferencian porque tienen un color oscuro, que se vuelve blanquecino con el tiempo.
Decidí probar suerte, pero tenía que pegarme una buena caminata hasta el coche, para recoger la cámara, el trípode y el hide, y volver hasta ese barranco. Llevaba ya tres días seguidos pateando por Sierra Morena y no había tenido nada de suerte, estaba un poco bajo de moral. Cuando estaba subiendo hasta el camino donde se encontraba el coche, me iba autoconvenciendo de que, un día más, iba a ser un esfuerzo inútil. Me tendría que pegar la caminata de ida y vuelta, cargado como un borrico, por esos barrancos y además se me echaría la noche encima. Mal panorama.
En ese momento, mientras subía sofocadamente la cuesta, veo algo que se mueve entre las jaras. Y digo algo, porque realmente no llegué a ver nada claro. ¡¿Un lince?!, pregunté y exclamé para mis adentros. Bordeé el jaral y efectivamente: era un lince.
Me quedé pasmado de la parsimonia y la tranquilidad con que se movía. Seguramente porque ya llevaría varias horas viéndome por allí.
El lince, se dirigía al claro, donde estaban los conejos. Estaba atardeciendo y seguramente se disponía a intentar cazar algo, aprovechando las luces del ocaso. Muy ilusionado, apreté el paso y me fui al coche a por el equipo.
Cuando regresé, todavía estaba en el mismo sitio, moviéndose sigilosamente por el borde del matorral. Su atención se dirigía al claro, por donde comenzaban a moverse los primeros conejos.
Me instale a una distancia prudente y Cristal me regaló un bonito lance de caza que podréis ver en Wildmed.

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